Rocas, arena. Algunos arbustos raquíticos rompen la monotonía de esos ocres difuminados por un Sol de justicia que cae a plomo sobre ellos. Una serpiente dormita a la sombra de un cactus imponente. Suena un banjo. melancólico. Se cierra el plano lentamente y a lo lejos aparece una figura inconfundible que se mueve atravesando el cañón en penumbra; la cámara la sigue mientras se acerca en un picado imposible. Todavía suena la música cuando llega al pueblo. Cruza al trote la calle principal y se detiene frente al saloon. El vaquero descabalga; ata su montura junto al abrevadero y entra. El banjo calla, suenan dos disparos...
No hay pasado cinco minutos y ya estamos enganchados a la pantalla, absorbidos por una historia sencilla de buenos contra malos, personajes tópicos, trepidantes situaciones mil veces vistas, todo ello envuelto en paisajes evocadores que el Cinemascope nos hace sentir tan cercanos... Si hay algún placer comparable a la lectura de un buen libro, alguna manera de pasar la tarde que sabemos nunca nos va a decepcionar, es viendo una buena película de vaqueros (con o sin indios). (Alguno pensaréis que el mismo placer se puede obtener comiendo la porción justa de un buen chocolate, pero por supuesto eso es posible, incluso deseable, compatibilizarlo con las otras dos).
Cualquier ocasión es buena para disfrutar de una del Oeste. Este género, denostado por gente corta de miras, ha dado grandísimas películas: "Río Bravo", "El hombre que mató a Liberty Valance", "La Diligencia", "Centauros del desierto"... Luego vendría Sergio Leone, y un poco más tarde Clint Eastwood con "Sin perdón".
Viene el post a cuento de que ahora tenemos la oportunidad de disfrutar de un western con sabor añejo: "3.10 to Yuma", una gran película para quedarse pegado a la butaca; para disfrutar de asaltos y persecuciones, de tiros y jugadas de poker, de emboscadas y noches al raso, como hacíamos antes en la sobremesa del sábado; una película de las que hacen tener ganas, de nuevo, de disfrazarte: tejanos, camisa a cuadros, chaleco de cuero, sombrero y pistola al cinto... Aunque adolece de algunos tics inevitables en el cine de hoy (explícitas muertes violentas con algo de casquería, pirotecnia excesiva en las escenas de acción), los amantes del género no saldrán en absoluto decepcionados. No contaré nada sobre ella, no diré todo lo que me ha gustado. Simplemente id a verla.
No hay pasado cinco minutos y ya estamos enganchados a la pantalla, absorbidos por una historia sencilla de buenos contra malos, personajes tópicos, trepidantes situaciones mil veces vistas, todo ello envuelto en paisajes evocadores que el Cinemascope nos hace sentir tan cercanos... Si hay algún placer comparable a la lectura de un buen libro, alguna manera de pasar la tarde que sabemos nunca nos va a decepcionar, es viendo una buena película de vaqueros (con o sin indios). (Alguno pensaréis que el mismo placer se puede obtener comiendo la porción justa de un buen chocolate, pero por supuesto eso es posible, incluso deseable, compatibilizarlo con las otras dos).
Cualquier ocasión es buena para disfrutar de una del Oeste. Este género, denostado por gente corta de miras, ha dado grandísimas películas: "Río Bravo", "El hombre que mató a Liberty Valance", "La Diligencia", "Centauros del desierto"... Luego vendría Sergio Leone, y un poco más tarde Clint Eastwood con "Sin perdón".