sábado, 17 de mayo de 2008
Bad religion
Una amiga reciente acaba de enviudar. Durante algunos días me abstuve de preguntar detalles. Al cabo ella misma me los dio. Su marido, le llamaremos Salmón, murió de una afección cardíaca hereditaria. Claro que Salmón era una persona muy espiritual, una especie de líder new age que se había curado a sí mismo de algún tipo de distrofia muscular (yo lo dudo) y que había curado a su propio padre de la misma dolencia que lo mató a él (también lo dudo). Con un sentimiento trascendente que no envidio, decidió que en la siguiente vida podría resolver más asuntos kármicos, ya que en esta los había acabado todos. De manera que no hizo nada por curarse. Nada quiere decir NADA, ni siquiera ir al médico. Inútiles fueron las súplicas de familia y amigos.
Entendedme, nadie puede estar más a favor que yo del suicidio, siempre y cuando se trate de una acción lúcida y meditada, más al estilo Mishima que al modo del joven Werther.
Pero dejarse morir de una forma tan tonta y con un objetivo tan burro y haciendo sufrir a tanta gente sin ninguna necesidad... Imaginad al padre, curado por Salmón de la cardiopatía, sin poder convencerle de que se aplique la cura a sí mismo; imaginad lo mal que lo está pasando su viuda, imaginad los sentimientos de sus compañeros en la espiritualidad...
En fin, que está bien que se haya nuerto. El mundo mejora cuando se libra de tales verrugas. Salmón: ¡tururú!
viernes, 16 de mayo de 2008
"Juntos, nada más", by Doctor BE
Tengo una opinión bastante pobre de la literatura actual. El mundo editorial es puramente un negocio de fast read: se publica mucha basura, se escribe mucha más, el lector no quiere hacer esfuerzos para digerirla (intelectual, se entiende, porque físico sí se hace...; ¡mira que es difícil encontrar un libro de menos de 400 páginas!!), ni siquiera el escritor quiere hacer mucho esfuerzo para cocinarla. Como en el cine, como en el teatro, como en tantas otras cosas... (Tal vez dé una conferencia sobre el tema algún día.)
Por eso huyo como de la peste de los libros escritos los últimos 30 años en general, y de las novedades editoriales en particular, sobre todo si vienen con la etiqueta de best seller. Podéis llamarme snob, si gustáis.
A veces, sin embargo, uno se sorprende y encuentra pequeñas joyas como "Juntos, nada más", de Anna Gavalda (París, 1970; más de 3 millones de lectores sólo en Europa y traducciones a 35 idiomas de sus 4 libros). Una sencilla historia actual en la que cuatro personajes se mueven como peces en su pecera: atrapados, desorientados, chocando a menudo con el cristal transparente que los encierra en una vida que parece que les ha vencido, se entrecruzan de una manera natural y en absoluto forzada a pesar de todas las cosas que los diferencian (y por tanto los separan).
Ahí está el gran logro de la novela: la interacción entre unos personajes creíbles en sus tragedias y que destilan emociones de todo tipo, siempre diferentes, siempre parecidos; con geniales cambios de registro en la narración desde los puntos de vista de cada uno de ellos, a menudo incluso dentro de la misma escena. De esta manera van tejiendo a lo largo de la historia una telaraña, usando diferentes hilos, todos de seda; telaraña que no puede terminar de otra manera que formando un puente que les ayudará a escapar de su destino, unidos por una amistad que se adivina para siempre.
Hay en este libro muchas cosas buenas, espero que os animéis a descubrirlas. También tiene sus fallos, por supuesto: el primero, una pésima traducción (un mal muy extendido hoy en día - cambios de registro mal interpretados, un argot más propio de una película de Alfredo Landa que de lo que se habla en la calle...); el más gordo, un final made in Hollywood que chirría de una manera indecente, pero que no deja de ser un reflejo de esta época bobalicona que nos ha tocado vivir; entremedias, algunos hilos sueltos y costuras simplemente hilvanadas que dejan la historia algo coja (pero claro, de otro modo el libro necesitaría de otras 700 páginas...).
En fin, poco más que decir; un libro lleno de emociones altamente recomendable para almas sensibles, que me ha removido las entrañas y, en alguna ocasión, me ha hecho llorar.
martes, 6 de mayo de 2008
Redescubrimiento, by Doctor BE
Vagando por los pasillos del ala Este, hoy he pasado por delante de la biblioteca y algo me ha hecho empujar suavemente la puerta, entornada; es más ligera de lo que parece y no ha hecho ningún ruido al girar sobre sus goznes. Me ha parecido que estaba esperando ese leve empujoncito, para abrirse orgullosa y mostrar a todos sus tesoros.
Una poca luz indolente atravesaba esas pesadas cortinas que esconden los ventanales, posándose acusadora sobre el polvo acumulado en las mesas. No me he atrevido a fijarme en nada más: he recorrido una estantería con la mano, cerrando los ojos, acariciando los lomos irregulares, y he sacado el libro que me ha producido un cosquilleo especial; lo he abierto al azar y me he tropezado con este párrafo:
"Pintó el Loira. Lento, ancho, sereno, imperturbable. Sus lánguidos bancos de arena, sus postes y sus barcas podridas. Un cormorán a lo lejos. Los pálidos juncos y el azul del cielo. Un azul invernal, metálico, brillante, arrogante, fanfarroneando entre dos nubarrones cansados."
Creo que se me ha escapado un suspiro. Aunque tal vez haya sido la madera vieja, casi vetusta, o los candelabros sin bruñir, o las palabras que se ahogan cuando no pueden escapar de su prisión de papel. Una biblioteca siempre es un lugar con algo de magia. En silencio he pedido permiso para tomar prestado el libro, que ahora descansa junto a mi cama.
Al salir he dejado la puerta abierta.